Me sorprendí rompiendo papeles viejos,
y sacudiendo cajones, hurgando en mi pasado
y echando a la basura lo que en algún momento guardé y ahora lo tiro.

Mis cajones llenos de notas, papelitos, pilas viejas,
agendas caducadas y mil cosas que en otro momento atesore,
para que el día de hoy los tire a la basura.

Guardamos compulsivamente, por si en algún momento lo necesitamos,
y al pasar los años nos damos cuenta que vivimos rodeados de cosas sin utilidad,
recuerdos vanos, aferrándonos a ellos por si algún día los vamos a ocupar.

Un boleto del metro, que fácilmente tiene 10 años,
la garantía de una grabadora que ya ni existe,
el manual de un televisor que le regalé a mi madre hace mas de 10 años,
notas de supermercado, tarjetas de felicitación,
y la invitación a una boda de gente que ni conozco, llaveros, etc...

Tire tantas cosas que llené dos cajas grandes,
que se fueron directo a la basura, por fin, el orden,
y el espacio suficiente para cosas nuevas que algún día serán parte de mi pasado,
y que probablemente nunca las llegue a ocupar.

Me doy cuenta que también he atesorado sentimientos que nunca pienso ocupar,
como el odio, el celo, la ambición desmedida, el egoísmo,
y que ahora me encuentro echando a la basura junto con ese par de cajas con recuerdos,
quedando mas espacio para la compasión, la paciencia, el amor y el perdón.

Teniendo orden en la casa, y orden en mis sentimientos,
siempre queda más espacio para llenarlo con lo mejor de nosotros,
para llenarlo de amistad y de comprensión, que en el camino de la vida,
nos servirán más que cualquier tesoro.

Es importante tener en orden todo, primero un gran lugar para Dios,
después, otro para la familia y los amigos, todo con sus prioridades.

Pero es muy importante mantener una vacante,
siempre limpia y disponible en todo momento
porque nunca sabremos cuando la vamos a necesitar,
en algún momento, o en algún lugar,
tal vez alguien requiera de ese espacio en nuestro corazón,
para encontrar alivio a sus penas, y reconfortarse en un corazón amigo,
con la confianza de que quien lo escucha sabrá comprenderlo,
para compartir sus penas y alegrías.

Bien, hoy es un buen día para limpiar los cajones
y poner nuestras cosas en orden, empezando por nuestro corazón.

Autor desconocido